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Implantes dentales en Santiago de los Caballeros

Un implante sustituye la raíz de un diente que ya no está. Esta página explica, sin adornos, quién es candidato, qué ocurre en cada cita, cuánto tarda el hueso en integrarlo, de qué depende el presupuesto y qué puede salir mal.

Qué es un implante dental, y qué no es

Un implante dental es un tornillo de titanio que se coloca dentro del hueso maxilar y ocupa el lugar que dejó la raíz del diente perdido. Sobre él se asienta un pilar, y sobre el pilar una corona. Son tres piezas distintas, fabricadas y colocadas en momentos distintos: cuando alguien dice «me pusieron un implante en una hora», casi siempre se refiere solo a la primera.

Lo que un implante no es: no es un diente. No tiene ligamento periodontal, la fina membrana que amortigua un diente natural y que informa al cerebro de cuánta fuerza está aplicando. Un implante está anclado directamente en el hueso, es rígido y no avisa cuando se le sobrecarga. Esa diferencia explica buena parte de las precauciones que aparecen más abajo.

Tampoco es un tratamiento eterno por defecto. Un implante bien colocado y bien mantenido puede acompañarle durante décadas; uno colocado sobre una encía inflamada, en un fumador activo o sin revisiones posteriores, puede perderse en pocos años. La diferencia no está en la marca del tornillo.

El implante
El cuerpo de titanio que va dentro del hueso. Es la única parte que llega a integrarse con él.
El pilar
La pieza intermedia, unida al implante, que atraviesa la encía y sostiene la corona.
La corona
La parte visible, en cerámica, hecha a medida sobre un molde o un escaneado de su boca.

¿Es usted candidato a un implante?

La respuesta honesta es que no se sabe hasta que se ve. La candidatura se decide con una exploración clínica y una radiografía —panorámica o, cuando el caso lo pide, una tomografía computarizada de haz cónico, que mide el hueso en tres dimensiones—. Sin esa imagen nadie puede decirle si hay hueso suficiente ni por dónde discurre el nervio dentario.

Dicho esto, hay factores que se conocen de antemano y que conviene poner sobre la mesa en la primera visita, porque cambian el plan o cambian el pronóstico:

Encías sanas
La enfermedad periodontal activa es la causa evitable más frecuente de fracaso. Se trata antes de colocar nada, no después.
Volumen y densidad de hueso
Si la altura o el grosor no alcanzan, existen técnicas de regeneración: injerto óseo, elevación de seno. Alargan el calendario; rara vez cierran la puerta.
Tabaco
Fumar reduce la irrigación de la encía y se asocia a más fracasos y más periimplantitis. No es una contraindicación absoluta, pero cambia el pronóstico y usted merece saberlo antes de decidir.
Enfermedades sistémicas
Una diabetes bien controlada no impide un implante; una descompensada retrasa la cicatrización. Lo mismo vale para el tratamiento con bifosfonatos u otros antirresortivos, la radioterapia de cabeza y cuello o la inmunosupresión: hay que hablarlo con detalle y a veces coordinarlo con su médico.
Bruxismo
Apretar o rechinar los dientes carga el implante con fuerzas para las que no tiene amortiguación. No lo descarta, pero suele obligar a una férula de descarga y a revisar la mordida.
Crecimiento no terminado
En adolescentes se espera a que el crecimiento facial haya concluido. Un implante queda fijo mientras los dientes vecinos siguen desplazándose, y el desnivel se hace visible con los años.

La secuencia del tratamiento, paso a paso

Un implante unitario sin complicaciones suele repartirse en cinco o seis citas a lo largo de varios meses. La mayor parte de ese tiempo no es tratamiento: es espera biológica, y no se puede comprimir por conveniencia.

  1. Evaluación y planificación

    Exploración, radiografía y, si el caso lo requiere, tomografía. Se decide la posición, el diámetro y la longitud del implante, y se le entrega un presupuesto por escrito antes de empezar.

  2. Preparación previa

    Si hay caries, infección o enfermedad de las encías, se resuelven primero. Si falta hueso, es aquí donde se hace el injerto, y el calendario se alarga en consecuencia.

  3. Cirugía de colocación

    Con anestesia local. Se accede al hueso, se prepara el lecho con fresas a baja velocidad e irrigación abundante para no calentarlo, y se coloca el implante. Una pieza suele llevar entre treinta y sesenta minutos, y usted vuelve a casa el mismo día.

  4. Osteointegración

    El periodo en que el hueso se une a la superficie del implante. Aquí no se hace nada: se espera y se controla.

  5. Segunda fase y toma de medidas

    Se descubre el implante si quedó sumergido y se coloca un pilar de cicatrización que da forma a la encía. Unas semanas después se toma la impresión o el escaneado que va al laboratorio.

  6. Colocación de la corona

    Se prueba, se ajusta la mordida milímetro a milímetro y se fija la corona definitiva. A partir de ahí el tratamiento pasa a ser mantenimiento.

La osteointegración y los plazos reales

La osteointegración es el fenómeno por el que el hueso crece en contacto directo con la superficie de titanio, sin tejido fibroso entre medias. Es lo que convierte un tornillo en un anclaje. No es un pegado ni un endurecimiento: es hueso vivo remodelándose contra el metal.

Ese proceso tiene un ritmo biológico propio. Los plazos que se manejan habitualmente son de unos tres meses en la mandíbula, donde el hueso es más denso, y de cuatro a seis meses en el maxilar superior, que es más esponjoso. Si hubo injerto, hay que sumar el tiempo de consolidación del injerto antes incluso de colocar el implante.

Su caso puede quedar dentro o fuera de esos márgenes. La densidad de su hueso, la estabilidad que se consiga en el momento mismo de la cirugía y su propia cicatrización mandan sobre cualquier calendario impreso. Por eso el plazo definitivo se le confirma después de la cirugía, no antes.

Existe la carga inmediata, en la que se coloca una prótesis provisional el mismo día. No acorta la osteointegración: permite que ocurra bajo una prótesis diseñada para no recibir fuerza de masticación. Tiene requisitos propios y se explica en su propia página.

Materiales: titanio, cerámica y la corona

El cuerpo del implante es de titanio de grado médico, o de una aleación de titanio y circonio. El titanio se emplea desde hace más de medio siglo en cirugía ortopédica y dental porque el organismo lo tolera bien y el hueso se adhiere a su superficie. También existen implantes cerámicos de zirconio, sin metal, indicados sobre todo por motivos estéticos en encías finas o en personas con sensibilidad documentada a metales.

La corona es una pieza distinta, y ahí hay más de una opción razonable. El zirconio monolítico es muy resistente y encaja bien en los sectores posteriores, donde la fuerza de masticación es mayor. El disilicato de litio es más translúcido y suele preferirse en el sector anterior, donde lo que se juzga es el aspecto. La metal-cerámica sigue siendo una solución válida y muy probada.

Ningún material rinde bien fuera de su indicación. Una cerámica muy estética en una zona de mucha carga se fractura; una muy opaca en un incisivo visible se nota. Esa decisión se toma pieza por pieza, mirando dónde va, cuánta fuerza recibe y de qué color son los dientes de al lado.

Qué determina el precio de un implante

En esta página no encontrará una cifra, y hay una razón. Un presupuesto de implantes no es un precio de catálogo: dos personas que dicen «necesito un implante» pueden recibir presupuestos que se diferencian en un factor de tres, porque lo que se factura no es el tornillo.

Cuántas piezas, y de qué tipo
Un implante unitario, tres implantes separados y una arcada completa sobre cuatro o seis implantes son tratamientos distintos, no múltiplos del mismo.
Si hay que preparar el terreno
Extracciones, tratamiento periodontal, injerto óseo o elevación de seno son procedimientos con coste propio y con calendario propio.
El tipo de prótesis
Material de la corona, si va atornillada o cementada, si hace falta una pieza provisional y durante cuánto tiempo.
Las pruebas de imagen
Una tomografía tridimensional no es necesaria en todos los casos. Cuando lo es, forma parte del presupuesto y conviene que aparezca desglosada.
El número de citas
Cada control, ajuste y revisión ocupa tiempo de consulta. A veces va incluido y a veces no; preguntarlo es legítimo.

La recuperación, día a día

La cirugía de un implante unitario resulta menos molesta de lo que la mayoría espera; suele compararse favorablemente con una extracción difícil. Dicho eso, hay una recuperación real y conviene planificarla, sobre todo si tiene compromisos en los días siguientes.

  1. Las primeras veinticuatro horas

    Inflamación y un sangrado leve son esperables. Frío intermitente sobre la mejilla, la medicación pautada, nada de enjuagues enérgicos y nada de escupir. Dieta blanda, fría o templada.

  2. Del segundo al quinto día

    La inflamación alcanza su punto máximo entre las cuarenta y ocho y las setenta y dos horas, y después cede. Puede aparecer un hematoma en la piel. Higiene suave alrededor de la herida, sin pasar el cepillo por la sutura.

  3. Primera y segunda semana

    Retirada de puntos, cuando los hay, entre los siete y los catorce días. La mayoría de las personas retoma su actividad habitual en dos o tres días, y el deporte de intensidad en torno a la semana.

  4. Hasta la corona definitiva

    Con el implante integrándose se mastica del otro lado y se acude a los controles. Si lleva una pieza provisional, no la use para morder alimentos duros.

Riesgos y complicaciones

Los implantes dentales son un tratamiento previsible y ampliamente documentado, pero no son un tratamiento sin riesgo. Cualquier consulta que le presente un procedimiento quirúrgico sin una lista de complicaciones le está ocultando información que usted necesita para decidir.

Fracaso de la integración
El implante no llega a unirse al hueso y queda móvil. Suele manifestarse en los primeros meses. Se retira, se deja cicatrizar la zona y en muchos casos puede volver a intentarse más adelante.
Periimplantitis
Inflamación crónica del tejido alrededor de un implante ya integrado, con pérdida progresiva del hueso que lo sujeta. Es la complicación tardía más frecuente y la más ligada a la higiene, al tabaco y a saltarse las revisiones.
Lesión nerviosa
En la mandíbula, el nervio dentario inferior discurre cerca. Una lesión puede dar adormecimiento del labio o del mentón, habitualmente transitorio y rara vez permanente. Es la razón por la que se planifica con imagen y se respetan márgenes de seguridad.
Comunicación con el seno maxilar
En el maxilar superior posterior el seno queda justo por encima. Cuando el hueso es escaso se eleva la membrana de forma controlada; una perforación no advertida puede derivar en sinusitis.
Complicaciones mecánicas
Aflojamiento o fractura del tornillo, descementado de la corona, fractura de la cerámica. Suelen ser reparables, y son más frecuentes en quienes aprietan los dientes.
Resultado estético insuficiente
Recesión de la encía, un margen grisáceo visible o una papila que no rellena el espacio entre dientes. Más probable en el sector anterior y en encías finas, y por eso allí se planifica con más cautela.

Cómo se cuida un implante a largo plazo

Un implante no se caria. El hueso que lo sujeta sí se puede perder, y en eso consiste todo el mantenimiento. Son tres cosas, y ninguna es opcional.

Higiene diaria específica
Cepillado dos veces al día, más limpieza entre las piezas con cepillo interproximal del tamaño correcto o con irrigador. La seda dental convencional no siempre es la herramienta adecuada alrededor de un implante.
Revisiones periódicas
Control clínico y radiográfico. La pérdida ósea inicial no duele y no se ve: solo se mide, y se corrige mucho mejor al principio.
Controlar lo que lo carga
Férula de descarga si aprieta por la noche, ajuste de la mordida cuando hace falta, y dejar el tabaco si está en su mano.

Cuándo un implante no es la mejor opción

Recomendar un implante a todo el mundo sería cómodo y sería falso. Hay situaciones en las que otra solución sirve mejor: un puente fijo cuando los dientes vecinos ya están tallados o van a necesitar corona de todos modos; una prótesis removible bien hecha cuando el estado del hueso, la salud general o el presupuesto no acompañan; o sencillamente mantener y vigilar, cuando la pieza ausente es un cordal y no compromete ni la función ni el aspecto.

Y hay casos en los que el implante es claramente la mejor opción, lo que merece decirse con la misma franqueza: cuando los dientes vecinos están sanos y tallarlos para un puente supondría destruir tejido sano, o cuando una prótesis inferior completa no se sostiene y dos implantes la estabilizan por completo.

Lo que debería salir de la primera visita no es un «sí» a un tratamiento, sino una comparación de las opciones reales en su caso, con lo que cada una cuesta, cuánto dura y qué le va a exigir a usted.

Esta página es información general para pacientes, escrita para que llegue usted a la consulta sabiendo qué preguntar. No es un diagnóstico ni una indicación de tratamiento: eso solo puede darse tras una exploración clínica y las pruebas de imagen correspondientes.

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Preguntas frecuentes

¿Duele colocar un implante?
La cirugía se realiza con anestesia local y no debería doler mientras se hace. Las molestias posteriores son las de una intervención menor: inflamación y dolor controlable con la medicación pautada, con el punto máximo entre las cuarenta y ocho y las setenta y dos horas. La mayoría de los pacientes lo describe como más llevadero que una extracción complicada.
¿Cuánto tiempo dura todo el tratamiento?
Desde la primera visita hasta la corona definitiva, lo habitual es de tres a seis meses cuando no hace falta injerto, y de seis a doce meses cuando sí. El plazo concreto depende de la densidad de su hueso y de su cicatrización, y por eso se confirma después de la cirugía y no antes.
¿Se me va a notar?
Una corona bien hecha sobre un implante resulta difícil de distinguir de un diente natural en el uso diario. Lo delicado no suele ser la corona, sino la encía que la rodea, sobre todo en el sector anterior y en encías finas. Ese punto se valora antes de operar, porque condiciona la posición del implante.
¿Cuánto dura un implante?
No existe una fecha de caducidad ni una cifra que sirva para todo el mundo. Hay implantes en función después de veinte o treinta años, y otros que se pierden en el primer año. Lo que más pesa no es el material, sino la salud de la encía, la higiene diaria, el tabaco y acudir a las revisiones.
¿Me quedo sin diente durante la espera?
En la mayoría de los casos no. Según la zona y la estabilidad conseguida se coloca una corona provisional, un puente provisional o una prótesis removible provisional. En algún caso concreto puede convenir no cargar nada durante unas semanas; cuando ocurre, se le explica por qué.
¿Puedo ponerme implantes si llevo años con dentadura completa?
A menudo sí, pero es exactamente el caso en el que hay que medir el hueso antes de prometer nada: años sin raíces implican reabsorción. Puede que quede volumen suficiente, puede que haga falta injerto, y puede que la mejor solución sea una sobredentadura sujeta por dos o cuatro implantes en lugar de una prótesis fija.

Lo siguiente es una evaluación, no un tratamiento

Nada de lo que ha leído aquí sustituye a una exploración y una radiografía. En la primera visita el Dr. Valerio revisa su caso, le explica las opciones que existen realmente en su situación y le entrega un presupuesto por escrito antes de empezar nada.

Solicitar una cita no compromete a nada.

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